Todo el siglo XX y lo que lleva transcurrido del siglo XXI, estuvo marcado a nivel global por grandes avances industriales, influenciados por las inversiones capitalistas y la contrapartida del trabajo obrero que por momentos se asemejaban a la esclavitud sin tiempo de descanso.
Estas inversiones tenían como fin no solo lograr un fin lucrativo sino el ejercer poder sobre las masas, de no lograrlo, esa inversión era considerada un fracaso.
La mano de obra está en un segundo plano ante la mirada de los inversionistas, sin embargo, es el trabajador el eslabón más débil de la cadena, sobre todo cuando se buscan argumentos que justifiquen una mala inversión. En este punto el capitalista no solo impone condiciones, sino que ejerce de cierta forma poder constante sobre los individuos en sus ingresos, también a la hora de consumir o invertir.
Por eso hoy en día la persuasión o la invasión de consumo a través de los diferentes medios de comunicación en el que se reproduce un sistema social, cultural y económico visto como una inversión para la propia vida el cual no refleja el fiel valor de la necesidad propia del ser humano.
A lo largo de varias generaciones, se ha reproducido una forma de ver el mundo que se impone no solo en el ámbito educativo, sino también en el laboral: una lógica que promueve condiciones mecanizadas, sin espacio para el cuestionamiento, la reflexión ni el pensamiento crítico, dificultando así la posibilidad de romper con patrones de conducta estandarizados y con los modelos de producción dominantes.
Al posicionarnos desde una mirada crítica, analizando estos conceptos previamente abordados, se puede observar que al día de hoy seguimos estando inmersos en el mismo sistema. Ahora bien, cuando logramos llegar a nuestras metas u objetivos, por otros caminos, desconocidos tal vez, por medio de otros recursos, nos sentimos seres libres.
Hay experiencias empíricas en industrias importantes de nuestro país como FUNSA, Molino Santa Rosa o Molino Florida, que mediante una revolución de sus ideales y desde la autocrítica a través de la herramienta del cooperativismo, sus trabajadores recuperaron su fuente laboral y su unión social con las esperanzas de construir un nuevo camino con mayor libertad. Desde esta nueva perspectiva, basada en valores y principios morales y éticos, apuntalados desde una concepción democrática, se fueron promoviendo propuestas hacia una ley que incluyan aquellas formas de ver un nuevo estilo de vida, trabajando uno con otros.
Cuando digo “una revolución de ideales” me refiero a que estas cooperativas y sus cooperativistas eligieron modificar su forma de trabajar, consumir, ahorrar y construir su hogar y es a partir de esta idealización de la búsqueda continua de lograr la libertad y es lo que nos brinda confianza y esperanza.
¿Podemos pensar el cooperativismo únicamente como una forma de producción, con una ideología propia, impulsada por una parte de la sociedad como alternativa a otras formas de trabajo? Considero que no. Ser cooperativista no debería reducirse exclusivamente al ámbito laboral, sino que debe abarcar todos los aspectos de la vida. El compromiso cooperativo implica fortalecer la educación, las ideas, las reflexiones y el pensamiento crítico, y también acompañar a otros en la apertura hacia nuevos caminos.
Sin lugar a dudas esto genera temor y preocupación a quienes siempre ejercieron el poder mediante el capitalismo y los inversionistas, esforzándose en cuestionar y poner en tono de duda al Cooperativismo y su gestión.
En este año tan particular como fue denominado “El año Internacional del Cooperativismo” nos invita y convoca a reflexionar, cuestionar y formar una crítica constructiva, mediante los claros ejemplos y el camino recorrido como forma y elección de vida para ir en búsqueda de la construcción de un mundo mejor. Teniendo en cuenta parámetros que no formaban parte prioritaria como el medio ambiente y el ecosistema pensando no solo en el hoy sino en las nuevas generaciones.
Me gustaría cerrar con una reflexión e invitarlos a pensar en el cooperativismo como un medio de lucha y generador de bienestar centrado en las personas, sabiendo que el camino es desgastante, de continuo trabajo y compromiso con uno mismo y con el otro, con las formas de pensar, de sentir y de vivir esta construcción.
Los invito a la continua formación de propios y ajenos al sistema, para que todos y todas sean y se sientan parte del proceso, y para esto cuanto más sinceros y abiertos seamos a los cambios o las transformaciones que vienen con las nuevas generaciones estaremos más cerca de aquello que pensamos como libertad.
Richard Silvera
Integrante de Cooperativa FUNSACOOP