El abonador cultivador, un proyecto en la mira de once cooperativistas de Bella Unión a los que ya nada les es imposible

30 de abril de 2013

Llegando a Bella Unión, sobre un costado de la ruta 3, un grupo de ex trabajadores de la Cooperativa Agraria Limitada de Agua para Riego (CALAGUA) se resiste al fracaso. «No sé qué es eso», responde el Chino cuando se le consulta por los temores, los miedos, tras la vuelta al ruedo. Desde hace algunos años, once hombres y mujeres formaron una cooperativa. Hasta 2015, y gracias a un comodato firmado con CALAGUA, los trabajadores pueden usufructuar maquinaria, elementos agrícolas, herramientas e incluso las propias instalaciones donde hoy se erige la nueva cooperativa.  Ahora, cuenta Germán, prestan servicios en la zona. Preparación de suelos, sistematización de chacras, aplicación de abonos, tapado de caña, aplicación de herbicidas, mantenimiento de cultivos y hasta la construcción de canales de riegos y caminos forman parte de la oferta que la Cooperativa de Servicios de Maquinaria y Afines (COSSEMA) brinda allá en el norte.

Con la reactivación de la actividad cañera y la instalación de Alcoholes del Uruguay (ALUR), año a año crece el área cultivada en los alrededores de Bella Unión. Los trabajadores de la cooperativa han encontrado allí algunas oportunidades. Y no les ha ido mal. Conscientes de que para llegar a los objetivos fijados en su plan original de superficie total de caña plantada, ALUR deberá trabajar 3 mil hectáreas más (además de las 7 mil con las que cuenta actualmente), buscan poscionarse. Esa meta de 3 mil nuevas hectáreas plantadas, junto al evidente desarrollo de los cutivos de arroz y sorgo dulce, plantea nuevos desafíos para COSSEMA. El sueño, comentan los cooperativistas, es renovar el parque de maquinarias del que disponen y, con eso, reducir algunos costos operativos y capitalizar la cooperativa. En el medio, se plantean el desafío de introducir tecnología amigable con el ambiente.

Para eso, la cooperativa se plantea ahora la incorporación de un abonador cultivador, un equipo de procedencia argentina que les permitiría realizar las tareas de cultivo en caña de azúcar en un tiempo tres veces menor al que obligan los métodos más tradicionales. Se trata de una tecnología que realiza cinco tareas simultáneas: corte, incorporación de maloja, fertilización, descompactación del suelo y desterronización. Con esta máquina, es posible evitar la quema del despunte o maloja residual que queda de la caña de azúcar, ahorrando las fuentes de contaminación derivadas de la quema. Además, argumentan los artiguenses, permite incorporar el abono químico bajo suelo, evitando la evaporación y pérdida en caso de lluvias.

Con su proyecto a cuestas, los trabajadores de COSSEMA esperan bastante menos que un milagro. Mucho menos una dádiva. Se trata tan sólo una nueva pieza para un puzzle que comenzó a armarse en 2010, y que viene dando resultados auspiciosos bajo una premisa: el trabajo de todos los días. Por eso, con la calma que caracteriza a los pueblos del interior del país pero la ansiedad típica del cooperativista, esperan confiados. Y tienen razón en confiar: después del largo camino que los llevó a gobernarse a sí mismos, ya nada les es imposible.

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